Sobre mí

Si creías que en Internet no cabía un escritor independiente más, lamento decirte que estabas equivocado…

Mi nombre, como puedes ver ahí arriba, es G. G. Velasco, y sí, lo has adivinado, soy otro escritor independiente, o como yo prefiero denominarme, un hacedor de historias y entuertos a golpe de teclado.

Posando tontorronamente en el lago Baikal, donde comienza y termina la trama de Lo que define una llama

Por fortuna para mi salud mental, la actividad literaria no es lo único que ocupa mis horas, sino que también suelo ver un montón de películas e invertir mucho tiempo en viajar por todo el globo. Esto significa que, cuando no me encuentro urdiendo alguna trama retorcida frente al ordenador, lo normal es que o bien esté disfrutando de otra frente a la pantalla de algún cine, o bien explorando rincones olvidados del mundo para alimentar la caldera de las ideas.

Los Super Camorristas
Esto fue lo que mis padres me llevaron a ver la primera vez que pisé una sala de cine… Con un debut así, era difícil acabar amando el séptimo arte, pero yo siempre he sido muy de llevar la contraria.
G. G. Velasco Transiberiano
Servidor frente a una yurta durante una parada del Transiberiano.

¿Pero todo eso en qué se traduce? Pues depende de la faceta: como creador de contenidos, he participado en numerosos proyectos ajenos, publicado varios libros de mi autoría y escrito otros muchos aún inéditos; como espectador, he devorado tanto metraje a lo largo de los años que me daría para abrir un servicio de streaming, y como trotamundos, además de haber visitado alrededor de setenta países y recorrido trayectos tan emblemáticos como el Transiberiano o la Ruta 66, también he completado el Camino de Santiago hasta en quince ocasiones por distintos ramales.

Otras de mis grandes pasiones son los chistes gráficos del dibujante islandés Hugleikur Dagsson, la música de ese mismo país (Sigur Rós, Múm, Berndsen, Ólafur Arnalds, Amiina…),  las tarrinas de helado Ben & Jerry´s Cookie Dough, los titulares ridículos («Muere un policía tras jactarse de ser inmune a las balas», para entendernos), las bromas pesadas con abundancia de manipulación emocional y puntos de giro, el activismo anti-running y los haikus.

Hugleikur Dagsson
Una de las travesuras del siempre irreverente Hugleikur Dagsson.

Se me ocurre que, ya que ha salido el tema de los haikus, podría ser una buena idea tratar de describirme con uno, así que allá voy:

 

Soy lo que vi
Vi lo que quería ser
El tiempo pasa

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Supertime, de Berndsen, tal vez el videoclip más negro (y aun así divertido) jamás filmado.

ENTP
Mis resultados en el test de Myers-Briggs.

De acuerdo con el indicador de personalidad de Myer-Briggs soy un ENTP-T, es decir, un tipo extrovertido, intuitivo, pensador y perceptivo en modalidad turbulenta (de ahí la te final). Si tomamos estos datos como algo fiable, se supone que tengo una visión muy tangencial de la vida, un carácter muy fuerte, una tendencia acusada a saltarme las normas y un sentido del humor un tanto perverso y esquinado. Más de una vez me han dicho que estas características se reflejan en mi obra, y si bien eso es discutible, prefiero no negarlo. Al fin y al cabo, un poco de estilo propio nunca viene mal.

A pesar de todo lo anterior (o puede que como consecuencia de todo ello), he de reconocer que lo he pasado un poco mal a lo largo de mi carrera por el hecho de no haber conseguido sacar adelante mis proyectos más queridos, de modo que para quitarme ese sinsabor, he decidido coger el toro por los cuernos y hacerme cargo de su publicación yo mismo. ¿Por qué meterse en un berenjenal así? Entre otras cosas, porque yo siempre hago caso a lo que aconseja Sly…

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Tarjeta del videoclub
Mi vieja tarjeta del videoclub, tal vez la única prueba existente de mi pertenencia voluntaria a un grupo.

¿Qué más te puedo contar sobre mí? Pues por ejemplo, que tengo un perro llamado Floyd en honor a mi grupo favorito (Pink Floyd), que adoro la comida asiática en todas sus variantes (incluidos los insectos), que jamás he pertenecido a ningún colectivo más allá de al videoclub de la esquina, y que estoy tan chapado a la antigua que no dudaría en cortarme el meñique a lo Robert Mitchum en Yakuza (Sidney Pollack, 1974), por una cuestión de honor, amor o coherencia.

Floyd
Floyd relamiéndose en la playa ante la visión de algún tipo de comida.

Una de mis tres frases favoritas, al fin y al cabo, es esta:

“El valor de un sentimiento es el valor del sacrificio que estás dispuesto a hacer por él”.

—Clint Eastwood—

Y las otras dos, por si te ha entrado curiosidad, estas:

“La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir”.

—Carl Gustav Jung—

“La realidad es aquello que queda cuando dejas de creer en ella”.

—Philip K. Dick—

También estoy licenciado en Periodismo y tengo un montón de estudios de posgrado relacionados con el sector audiovisual y la docencia, pero como esto no es Linkedin ni pretende serlo (y yo siempre he pensado que nada dice más de un persona que sus gustos cinematográficos), incluiré en su lugar una lista con diez de las películas que, por una razón o por otra, más me han marcado en lo que llevo de vida. Aquí las tienes:

Preparando mi lista de películas en Angkor Wat...
  1. Freaks (Todd Browning, 1932) –una maravillosa anomalía en blanco y negro con el superpoder de enseñarte a apreciar tus propias taras como algo bello y reivindicable.
  2. La strada (Federico Fellini, 1954) –nada como verte reflejado en un auténtico imbécil para darte cuenta de que a lo mejor tú también lo eres y tratar de corregir el rumbo.
  3. Hasta que llegó su hora (Sergio Leone, 1968) –Simple y llanamente, la destilación última de la épica peliculera. ¿Cómo no iba a gustarme?
  4. Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975) —una inspiradísima oda a la irreductibilidad del espíritu humano que cada vez que la veo me pone los pelos tan de punta como los de Jack Nicholson en la sala de electroshock.
  5. Amanece, que no es poco (José Luis Cuerda, 1989) –asumir que tú también eres contingente, y no necesario, puede ser todo un engorro, pero con un guion así de surreal, es también enormemente divertido. Nunca me cansaré de reírme con ella.
  6. El club de la lucha (David Fincher, 1999) –la gran bofetada nihilista que todos necesitábamos recibir para aprender a no confiar ni en nosotros mismos. Con particular énfasis en «nosotros mismos».
  7. El protegido (M. Night Shyamalan, 2000) —o cómo convertir esa sensación indefinible que a algunos nos acompaña desde que tenemos uso de memoria en un melancólico relato de superhéroes.
  8. Big Fish (Tim Burton, 2003) —además de una hermosa fábula, el mejor tributo posible al poder redentor de la imaginación. Incluye uno de los finales que más me han emocionado en una sala de cine.
  9. La fuente de la vida (Darren Aronofsky, 2006) —todos tenemos una película que el resto de la humanidad parece aborrecer pero a nosotros nos cala muy hondo. Esta es la mía. ¿Os he dicho ya que soy un romántico?
  10. Langosta (Yorgos Lanthimos, 2015) —y también todos tenemos otra película que nos gusta mencionar cuando el espabilado de turno nos dice que ya no se hace nada nuevo… (y que a diferencia de él, nos deslumbra con la tremenda originalidad de sus ideas y situaciones).
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No solo una de los momentos más emotivos de la película Big Fish, sino también la razón fundamental por la que sigo escribiendo cada día.

Mejor que un registro académico, ¿no? Pues ahora que ya me conoces un poco mejor (o eso espero), solo me queda agradecerte el tiempo que has dedicado a leer estas líneas, comunicarte mi intención de hacer todo lo posible por dejar de ser un «escritor más» para ser algo más que un escritor y darte la bienvenida a mi pequeño universo literario. Espero que disfrutes tanto de este viaje como yo de haber abierto al fin la ruta.

Comenzamos.

GGVelascoSig