Lo que define a una llama: el origen

Quedan menos de veinticuatro horas para la publicación de Lo que define a una llama.
En ese plazo, a Jack Bauer le sobraría tiempo para desarticular cinco células terroristas, frustrar una docena de atentados nucleares, descubrir que el cerebro de todo lo anterior es uno de sus mejores amigos, engancharse y desengancharse a la heroína, seducir a una compañera de trabajo y salvar a su hija de un grupúsculo de rijosos secuestradores kosovares.

Jack Bauer, el único hombre capaz de ralentizar los taxímetros con la mirada…

 
Yo no tengo tanta soltura para exprimir el crono, pero os aseguro que me estoy desviviendo de lo lindo para que mañana el libro irrumpa en vuestras vidas con el mismo estrépito que Kiefer Sutherland/Jack Bauer en una cacharrería regentada por terroristas.
 
Eso, por desgracia, no me deja mucho tiempo para escribir artículos interminables en el blog, así que en esta ocasión, me limitaré a autoplagiarme un poco para explicaros de dónde sale el libro…  ¿Preparad@s? ¡Pues allá vamos!

Subid a mi Delorean que el abuelo tiene una historia que contaros…

 
La génesis de Lo que define a una llama se remonta a 1999, (!¡) cuando, para impresionar a una chica de la que por entonces estaba muy enamorado, se me ocurrió escribirle un relato entre romántico y detectivesco con una premisa muy, muy parecida a la de la actual novela.
 
Algunos años más tarde, decidí retomar esa idea y levantar en torno a ella un guion de largometraje. El proyecto obtuvo una ayuda para su desarrollo y estuvo por momentos bastante próximo a materializarse, pero, como suele ocurrir en estos casos, no llegó a hacerlo finalmente y la historia se quedó aparcada en un cajón hasta 2017.
 
Fue entonces cuando por azar releí el original y se me ocurrió que, replanteando unas cuantas cosas, añadiendo algunas y eliminando otras,  podría dar lugar a una novela muy interesante, así que me puse manos a la obra…
 
El resultado de todo ese trabajo se parece muy poco al guion que algún día fue, y todavía menos al relato original, pero, pese a los cambios, los años transcurridos y el hecho de que mi historia con aquella chica ya solo sea un grato recuerdo perdido en el tiempo como John Travolta en un meme de Pulp Fiction, la idea de partida sigue ardiendo en su interior con la misma intensidad de hace diecinueve años.
Vamos, que si no fuera porque soy un moñas romanticón, no habría libro.

No me miréis así: hasta Clint Eastwood hizo sus buenas cursilerías en sus tiempos mo… en sus tiempos, vaya.

 
Si os apetece avivar la llama de esta bonita intrahistoria, recordad que la novela estará a la venta en Amazon, tanto en su versión electrónica como impresa, durante noventa días. Luego, salvo sorpresa relacionada con el premio literario convocado por los de Bezos, en el que tengo el gusto de participar, lo estará también en el resto de plataformas de distribución.
 
Podéis registraros en mi lista de correo, a través de esta misma web, para estar puntualmente informad@s sobre estos y otros temas.  Prometo sorpresas entre aquell@s que lo hagan primero (y hasta aquí puedo leer).
 
Por hoy, nada más. La próxima semana volveré por estos lares de manera más prolija con un tema que no dejará a nadie indiferente y en el que quizás no debería entrar demasiado…
Hasta entonces, ¡portaos bien y vigilad vuestros karmas, que luego van al pan!

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