Penaltis y estiércol: la épica crepuscular de España en Rusia 2018

Hinchas de la selección española disfrutando a tope con el juego de su equipo…

Aunque ni el fútbol ni las banderas son temas que por lo general me interesen demasiado, he de confesar que cada vez que llega un mundial me vuelvo más forofo de la selección española que un comentarista de Telecinco poseído por la voz en off del NO-DO.

Esto suele sorprender bastante a quienes todavía no me conocen bien, pues, según parece, no es habitual que un escritor (con la carga de postureo intelectualoide que ello conlleva, y para más INRI, residente en una comunidad donde pronunciar la palabra «España» te puede traer más problemas que repetir «Candyman» tres veces frente a un espejo a medianoche) haga gala de este tipo de concesiones al mainstream, pero lo cierto es que así es: durante los campeonatos del mundo voy más a tope con la selección que Maradona con lo que todos sabemos…

Bueno, casi.

El motivo, como digo, no es que yo sienta una  pasión especialmente ardorosa por el deporte o me caracterice por un exacerbado sentido del patriotismo. Al contrario: en su momento fui la única persona de todo mi instituto en suspender Educación Física (por ser «activamente pasivo», según mi profesor) y lo más entusiasta que he hecho jamás por España fue dármelas una vez de bailaor de flamenco para tratar de ligar con una rusa.

El motivo de mi fervor futbolero durante los mundiales tiene una explicación mucho más sencilla y una naturaleza mucho menos terrenal: simplemente, estoy convencido de que no hay equipo en el mundo que pueda rivalizar en «peliculerismo» con la selección española, y como el «peliculerismo» (o dicho en cristiano, la épica) es a mi modo de ver lo único más importante que las propias películas, estoy obligado a defender a «la Roja» de la manera más incondicional y asilvestrada posible. A lo Tassotti.

Luis Enrique luchando inútilmente contra el destino (y el árbitro) durante los cuartos de final de Estados Unidos 94.

Probablemente os estéis preguntando cómo carajo puedo decir que la selección española es un equipo tocado por la varita de la épica después del bochorno más bien anticlimático del domingo en Rusia, así que trataré de resumirlo sin enrollarme demasiado.

La selección española es una escuadra épica en la medida en que su evolución dramática, que comparte un montón de rasgos  con las tramas de algunas de las películas más vibrantes del séptimo arte (como Rocky o Gladiator, por ejemplo), nos habla de cómo debemos sobreponernos a nuestros propios traumas, complejos y limitaciones para, a través del esfuerzo y el compromiso con un ideal superior (en este caso el «tiquitaca») alcanzar objetivos  imposibles pero poéticamente justos en contra de toda lógica o expectativa.

El mítico viaje del héroe descrito por Joseph Campbell, vaya.

Las 17 etapas del monomito (o viaje del héroe) según Joseph Campbell.

Lo único que ocurre es que ahora nos encontramos en ese momento del  devenir de un héroe en el que parece que todo está perdido y que los viejos triunfos son solo un recuerdo borroso del pasado a lo logotipo  del Pryca.

Por ello, convendría mantener la serenidad y volver a echarle un vistazo a otra película con la que la selección española comparte también ADN: Sin perdón.

Clint Eastwood encarnaba en esta maravillosa pieza de orfebrería cinematográfica a un pistolero avejentado, de nombre William Munny, que arrancaba el film hundido literalmente en la mierda de sus cerdos y ni siquiera era capaz de montar a caballo o acertarle a unas latas con su revólver pese a haber sido un tirador letal en el pasado. Si cambiamos al bueno de William por la selección española, al caballo por la fase final de Rusia 2018 y a las balas por balones, la situación es peligrosamente parecida a la vivida el otro día en Moscú.

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El batacazo del estadio de Luzhniki, sumado al trauma por la humillación de la cita brasileña en 2014 (tan dolorosa como la derrota de Rocky a manos de Mr. T en Rocky III), al moribundo regreso a casa tras sucumbir en la Eurocopa 2012 frente a Italia (igual que cuando el propio William Munny huía del pueblo de Sin perdón, con el rabo entre las piernas, tras la paliza de Little Bill, para ser recauchutado por la prostituta desfigurada) y a todo el lío de la destitución de Lopetegui y la falta de confianza de De Gea (que ha hecho al equipo luchar en desventaja como Máximo Décimo Meridio en el Coliseo tras la cuchillada traicionera de Cómodo), redondea el paralelismo peliculero de tal forma que el domingo bien podrían haberse lanzado los penaltis sobre excrementos de cerdo para hacerlo todo más dramático y crepuscular.

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Y eso es precisamente de lo que va la épica: de héroes retozando en el lodazal del miedo al fracaso mientras tratan de demostrar al mundo y a sí mismos, lastrados por mil y un contratiempos, que no todo está perdido todavía aunque lo parezca.

Dejar de apoyar a la selección tras lo de Rusia 2018 equivaldría a abandonar la sala de cine durante la proyección de Sin perdón, indignado tras la muerte de Ned Logan (a estas alturas imagino que no lo consideraréis un spoiler), cuando  ya deberíamos saber que ese tipo de muertes son solo un recurso narrativo necesario para percutir la gloria final.

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Así que tranquilos todos, «la Roja» puede parecerse ahora mismo más al English Bob interpretado por Richard Harris (un pistolero bluf a quien Little Bill también pateaba el trasero) que a William Munny, pero el metraje aún no ha llegado a su fin, y, antes de que llegue el fundido a negro, el equipo irrumpirá de nuevo en un estadio ruso, bajo una lluvia torrencial y con algo más que pases cansinos en las botas, para volver a poner las cosas en su sitio y reivindicarse de manera implacable y definitiva ante todos quienes ahora  desprecian su potencial heroico.

Mientras aguardamos a que esto suceda, (y os aseguro que será pronto), convendría que cambiáramos el rancio costumbrismo de Manolo «el del bombo» por algo más parecido a los gritos vikingos de Islandia a fin de estar un poco más en sintonía con la espectacularidad de la escena.

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Luego, ya si eso, podemos también intentar darle una vuelta a lo del himno…

Y nada más por ahora. ¿Vosotr@s qué pensáis? ¿Veis en la selección española la misma épica cinematográfica que yo o sois más de cine francés? ¿De Cinema Novo brasileño, tal vez? Dejad si os apetece vuestros comentarios ahí abajo y lo debatimos entre tod@s al amanecer.

¡Hasta la próxima!

4 Comments

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    Ana Haydee julio 3, 2018 (7:13 pm)

    Oiga, que problema tiene usted con Manolo el del bombo?

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      G. G. Velasco julio 3, 2018 (7:30 pm)

      Manolo está muy bien como flashback sensiblero, pero debemos mirar al futuro. 🙂

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    Ana haydee julio 4, 2018 (9:32 pm)

    Se refiere usted a que tal vez haya que animar a la selección con sintetizadores y demás? Usted pretende desnaturalizar la esencia misma de la afición!

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      G. G. Velasco julio 5, 2018 (11:23 am)

      No me refería a eso exactamente, pero estoy imaginándome a Daft Punk en preferencia pinchando temas de la banda sonora de Tron:Legacy mientras juega España y casi que lo compro. 🙂 ¡Gran idea, Ana!

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